martes, 20 de mayo de 2008

COMENTARIO DE TEXTO

Bien, con un poco de retraso, os vuelco en vuestro blog los textos propuestos. La actividad consiste en hacer un comentario del mismo conforme al modelo propuesto al inicio de curso:

1) Sentido global del texto.

2) Ideas principales del mismo.

3) Relación del texto con el pensamiento del autor.

4) Corriente histórica del pensamiento a la que pertenece.

5) Influencias recibidas y posibles repercusiones.

6) Relación del texto con la actualidad.

7) Bibliografía y recursos utilizados.

También podéis hacerlo de forma personal. Incluso, si el texto es os resulta demasiado extenso, cabe la posibilidad de seleccionar aquel (o aquellos) fragmentos más significativos del mismo y comentarlo. Eso sí siempre ha de recoger lo más significativo y representativo del tema tratado por el autor.

La idea es que para el día 30 lo tengáis elaborado y me lo entreguéis en la hora prevista de examen, en formato Word.

Junto al texto traeréis resuelta la caza de tesoro de un compañero/a, que podéis encontrar en su blog. En todo caso, si hay algún problema solicitársela a él/ella. Este trabajo ha de presentarse manuscrito, de vuestro puño y letra.

El reparto es el siguiente:

INGA: Caza de tesoro de Unamuno (Raquel).

CRISTINA: Caza de tesoro de Krause (Luís).

RAQUEL: Caza de tesoro de Zubiri (Inga).

LUÍS: Caza de tesoro de Ortega (Cristina).

No me importa que colaboréis entre vosotros, pero al final darle vuestro toque personal.

TEXTO DE ZUBIRI:

"NOTAS SOBRE LA INTELIGENCIA HUMANA"

La estructura esencial de la inteligencia humana: inteligencia sentiente.

Hacíamos ver antes que el sentir humano posee un momento propio, la impresión de realidad, esto es, que por su propia índole la sensibilidad humana no es puro sentir, sino un sentir cuyo carácter humano consiste en su intrínseca versión al estimulo como realidad. Ahora bien, acabamos de ver que la versión a la realidad es el acto formal propio de la inteligencia, lo cual significa que el sentir humano es un sentir ya intrínsecamente intelectivo; por eso es por lo que no es puro sentir. Por otra parte, la inteligencia humana no accede a la realidad sino estando vertida desde sí misma a la realidad sensible dada en forma de impresión. Todo inteligir es primaria y constitutivamente un inteligir sentiente. El sentir y la inteligencia constituyen, pues, una unidad intrínseca. Es lo que he llamado inteligencia sentiente. Lo humano de nuestra inteligencia no es primaria y radicalmente finitud sin más, sino el ser sentiente. Aclaremos algo este concepto, solamente algo, porque el desarrollo completo del problema excede de los límites de estas sucintas notas introductorias.

Digamos primeramente lo que no es la inteligencia sentiente.

a) No se trata únicamente de que haya una prioridad cronológica del sentir respecto del inteligir, es decir, no se trata de que nihil est in intellectu quod prius non fuerit in sensu. Porque, cuando menos por lo que respecta al momento de realidad, este momento está aprehendido en un solo acto. La impresión de realidad es, en efecto, un momento del sentir humano y es a la vez el acto formal de inteligir. En este punto no hay dos actos, uno anterior al otro, sino un solo acto.

b) Tampoco se trata de dos actos, uno de sensibilidad y otro de inteligencia, que tengan el mismo objeto. Que no exista sino un solo y mismo objeto es algo que, con razón, viene afirmándose desde Aristóteles hasta nuestros días frente a todo dualismo platónico o platonizante. No hay un mundo propio de los sentidos, un mundo sensible. y un mundo propio de la inteligencia, el mundo inteligible; no hay sino un solo mundo real. Esta mismidad del objeto sentido y del inteligido envuelve innegablemente para ser aprehendido en su mismidad alguna unidad en el acto aprehensor mismo. Esta unidad consistiría en que ambos actos, el sensible y el intelectivo, son conocimientos, son actos cognoscitivos. El intelectivo es cognoscitivo porque conoce y juzga lo que los sentidos aprehenden, y el acto de sentir es también un conocimiento intuitivo, una gnosis. Son dos modos de conocimiento. En su virtud, el propio Aristóteles atribuyó a veces caracteres noéticos al sentir.

Kant va más lejos: ni sentir ni inteligir son dos actos cognoscitivos, sino que la inteligencia y la sensibilidad son dos actos que producen por coincidencia un solo conocimiento, caracterizado por esto como sintético. Husserl amplía estas consideraciones; sentir e inteligir serian dos actos que componen el acto de conciencia, el acto de "darme-cuenta-de" un mismo objeto. Esta unidad del objeto permitió alguna vez a Husserl hablar de "razón sensible" (sinnliche Vernunft); expresión utilizada a su vez por Heidegger para una exposición (por demás insostenible) de la filosofía de Kant.

En todas estas concepciones, sin embargo, se parte de dos ideas: que el sentir es por sí mismo intuición cognoscente y que lo propio de la inteligencia es "idear", esto es, concebir y juzgar.

Sin embargo, ya vimos que el sentir no es primariamente mera intuición, sino aprehensión impresiva de las cosas como realidades, y que inteligir no es formalmente idear, sino aprehender las cosas como realidad.

La unidad de sensibilidad e inteligencia no está constituida, pues, por la unidad del objeto conocido, sino que es algo más hondo y radical: es la unidad del acto aprehensor mismo de la realidad como formalidad de las cosas.

Trátase, pues, de un solo acto en cuanto acto. Es lo que significa la expresión "inteligencia sentíente". Ciertamente, entre el puro sentir y la inteligencia existe una esencial irreductibilidad. La prueba está en que pueden separarse. El animal siente, pero no tiene impresión de realidad, no aprehende la realidad, no intelige. Y en el hombre mismo, la inmensa mayoría de sus sentires son puro sentir. Sentir no es algo exclusivo de esos complejos que llamamos órganos de los sentidos. Toda célula siente a su modo y la transmisión nerviosa es una estricta liberación del estímulo, es decir, es un auténtico sentir. Sin embargo, ninguna de estas funciones constituye un "hacerse cargo de la situación" ni contiene una impresión de realidad. ¿Qué sería del hombre sí tuviera que hacerse cargo de la situación a propósito, por ejemplo, de cada transmisión sináptica?; no podría ni empezar a vivir. Hay, pues, un sentir puro, esto es, un sentir que no es intelectivo, que para nada necesita del momento intelectivo de versión a la realidad. Pero la recíproca no es cierta. Toda aprehensión de la realidad lo es precisamente por vía impresiva; la inteligencia no tiene acceso a la realidad más que impresivamente. Y el momento de versión a la realidad es intrínseco y formalmente un momento intelectivo; sólo por esto es por lo que existe una impresión de realidad en los sentidos. En cierto nivel humano, cuando faltan las respuestas adecuadas al estimulo, el hombre se hace cargo de la situación real, esto es, siente la realidad o, lo que es lo mismo, intelige sentientemente lo real. En este nivel no hay dos actos: uno, de sentir, y otro, de inteligir, sino un solo acto para un mismo "objeto": la formalidad de realidad. Inteligencia sentiente expresa, no la subordinación de lo inteligible a lo sensible ni tan sólo la unidad del objeto, sino la estricta unidad numérica del acto aprehensor de la formalidad de realidad. La inteligencia humana, en tanto que inteligencia en su acto formal y propio (la aprehensión de realidad), está constitutiva y unitariamente inmersa en el acto del puro sentir; y el sentir, en su nivel no-puro, está formalmente constituido por un momento intelectivo. Trátase, pues, de la unidad de un solo acto de intelección sentiente. No es una unidad objetiva, sino una unidad subjetiva del acto en cuanto acto. La inteligencia aprehende la realidad sintiéndola, así como la sensibilidad humana siente intelectivamente. La inteligencia no "ve" la realidad impasiblemente, sino impresivamente. La inteligencia humana está en la realidad no comprensiva, sino impresivamente.

Cuál sea la índole de esta unidad estructural es un problema que, como dije al comienzo, excede del ámbito de estas fugaces notas, que no pretenden sino acotar el fenómeno de la intelección sentiente. Pero aun reducida a estos límites la idea me parece esencial. Frente al dualismo platónico de Ideas y Cosas sensibles, Aristóteles restauró (en una forma u otra, no vamos a entrar en el problema) la unidad del objeto, haciendo de las Ideas las formas sustanciales de las Cosas. Pero mantuvo siempre el dualismo de sentidos e inteligencia; cada una de estas facultades ejecutaría un acto completo por sí mismo. Creo, sinceramente, que es menester superar este dualismo y hacer de la aprehensión de realidad un acto único de intelección sentiente. Ello no significa reducir la inteligencia al puro sentir (seria un absurdo sensualismo) ni hacer del sentir, como Leibniz, una intelección oscura o confusa. En su esencial irreductibilidad, sin embargo, sentir humano e inteligir humano ejecutan conjuntamente un solo y mismo acto por su intrínseca unidad estructural. No es una cuestión de alcance meramente dialéctico; es algo, a mi modo de ver, decisivo en el problema del hombre entero (no sólo en su aspecto intelectivo) y en especial en el problema de todos sus conocimientos, inclusive los científicos y los filosóficos.

[Publicado originalmente en ASCLEPIO, Archivo Iberoamericano de Historia de la Medicina y Antropología Médica 18-19 (1966-67): 341-353.]






jueves, 15 de mayo de 2008

Caza de tesoro de ZUBIRI


XAVIER ZUBIRI
La Inteligencia sentiente

Xavier Zubiri Apalategui es uno de los pensadores más originales de nuestro tiempo. Zubiri tiene una nueva idea de la inteligencia, y una nueva idea de realidad. Es justamente la raíz de una nueva filosofía.


CUESTIONARIO:

1. Zubiri fue discípulo de dos pensadores muy famosos. ¿De quiénes?
2. En el año 1920 se traslada brevemente a Roma, donde obtiene su doctorado en teología. En Lovaina Zubiri se encuentra con profesores como L. Noël, interesados en aprovechar todas las posibilidades del pensamiento de un filósofo famoso cuya filosofía es el objeto de la memoria de licenciatura que Zubiri presenta en febrero del año 1921 en Lovaina. ¿Quién es el filósofo?
3. ¿Qué tipo de inteligencia nos permite reflexionar sobre nuestros sentimientos?
4. ¿Qué diferencia hay, según Zubiri, entre animal y hombre?
5. ¿Cómo Zubiri distingue los conceptos tradicionales de la ontología (realidad, ser, ente)?
6. ¿A qué pensador intenta reactualizar?
7. ¿Por qué no le dejaban dar clases en la universidad después de regresar a España?
8. ¿Qué es noología?
9. En los años setenta preparando su obra comienza a estudiar sistemáticamente la inteligencia humana. ¿Qué temas más le interesan?
10. Después de su obra definitiva todas las preguntas sobre el presunto "realismo ingenuo" de Zubiri quedan definitivamente resueltas y él puede afirmar, contra toda la filosofía moderna, que los colores son perfectamente reales. ¿Por qué?

TEXTO PARA COMENTAR:

En sus primeros escritos ya aparece la fórmula de la religación. Pero este concepto no estará plenamente dotado de sentido hasta la culminación del desarrollo de la idea de inteligencia sentiente. Noesis y noema son momentos de al aprehensión, pero sólo la noergia adquiere el carácter de fuerza de imposición (la realidad se nos impone, nos posee). Su carácter radical admite las dimensiones “última” y posibilitante e impelente, dando al hombre fundamentalidad, actúa como obligación en cuanto a todo plano moral. La religación es la realidad apoderándose del individuo, se trata de un hecho experencial, de una vivencia, de la “ dimensión teologal del hombre”. La religación es el fundamento que nos liga a la realidad y que plantea claramente el “problema de Dios”. El carácter incoativo de la razón presenta a Dios como vía posibilitatoria; y la que parte de la religación nos lleva de hecho, al problema. Toda búsqueda de fundamento, (en cuanto que intelección con detenimiento) nos presenta ante la principalidad. Zubiri denuncia la vía epistemológica tradicional, en la que Dios es una realidad-objeto. Dios no puede ser nunca objeto del hombre, sino en todo caso fundamento. La religación no es el problema; Dios, sí.



RECURSOS:

SOLO APUNTES DOCUMENTO CENTRAL

http://www.zubiri.net/portada2/mod/resource/view.php?id=4

http://www.mercaba.org/DicPC/N/noologia.htm

http://es.wikipedia.org/wiki/Xavier_Zubiri

http://www.euskalnet.net/adaher/heidegger.htm

http://www.euskalnet.net/adaher/biografia.htm

http://es.wikipedia.org/wiki/Xavier_Zubiri

http://www.zubiri.org/works/spanishworks/notassobre.htm

http://www.zubiri.net/portada2/mod/resource/view.php?id=51

VALORACIÓN:

Cada pregunta 0.8 y la gran pregunta -2 puntos.

AUTOR:

INGA LETUKAITE

jueves, 20 de marzo de 2008

Trabajo Ramón Llull

ACTIVIDAD PROPUESTA:

Escuchar en RadioUned la charla de las profesoras Matilde Conde Salazar Ramón y Paloma Pernil Alarcón sobre el libro de Ramón Llull, “El libro del gentil y los tres sabios”. Sobre la misma se hará un resumen de los contenidos esenciales y luego se expondrá en clase.

Para encontrar el documento sonoro, marcas el enlace y en búsqueda general pones "Ramón Llull", te saldrán dos archivos, escucha el que te he propuesto y haz un resumen.

miércoles, 12 de marzo de 2008

Trabajo Juan Huarte de San juan

En la siguiente página de Cibernous, aparecen los autores del renacimiento español que vamos a trabajar en clase.

Para trabajar la obra del médico Juan Huarte de San Juan, que da título a nuestra entrada, iremos al documento elaborado por el Doctor de Filosofía José Biedma titulado: EL PODER DE LA IMAGINACION Y LA FECUNDIDAD DEL ENTENDIMIENTO EN EL EXAMEN DE INGENIOS PARA LAS CIENCIAS DE JUAN HUARTE DE SAN JUAN (Sobre el origen hispano de la filosofía moderna).

Una vez abierta la página, nos repartiremos el trabajo según acordamos en clase. Por si tenéis dudas, en cada uno de vuestros blogs particulares os he descargado la parte del trabajo que os corresponde.

Cristina:

1. Huarte y la filosofía moderna

2. Naturaleza e ingenio

Raquel:

6. Trascendencia de la voluntad racional

Luis:

4. La prudencia de la carne: la destreza y la gracia

Inga:

3. Imaginación: reminiscencia y sentido común.

7. El bruto y el ángel |

El trabajo consiste en leer detenidamente vuestros apartados, elaborar un breve documento en powerpoint para después exponerlo en clase.

Fecha de entrega y exposición: martes,15 de Abril.

TEXTOS INGA:

3.-Imaginación: reminiscencia y sentido común

Salta a la vista en seguida la analogía de este esquema y esta interpretación del conocimiento con las famosas condiciones trascendentales kantianas. Tanto en Huarte como en el alemán el entendimiento y la imaginación son dos potencias arquitectónicas del psiquismo que suponen la forma del sujeto en toda especie de conocimiento, tanto sensible como científico. Así como el entendimiento construye los conceptos o "noticias" inteligibles, dice Huarte, la imaginación construye las figuras sensibles. Esta última muestra así su dimensión "trascendental" como principio ordenador del material sensible recogido en la memoria; del mismo modo que el entendimiento actúa como poder ordenador y productor de conceptos.

"El error de los filósofos naturales -dice Huarte- está en no reconocer que el hombre fue hecho a semejanza de Dios, y que participa de su divina providencia, y que tiene potencias para conocer todas tres diferencias de tiempo: memoria para lo pasado, sentidos para lo presente, imaginación y entendimiento para lo que está por venir" (cap. IV).


La memoria, pues, recoge el tiempo, mientras que la imaginación y el entendimiento lo anticipan: apuntan a su telos. La memoria guarda las imágenes ("fantasmas") de las cosas para cuando el entendimiento las quisiere contemplar.


Un aspecto particularmente original del psicologismo de Huarte es la consideración de la reminiscencia (la anamnesis platónica) como función de la facultad imaginativa, y no de la memoria. Huarte se opone también a Aristóteles por vincular éste la reminiscencia al entendimiento. Discute al Estagirita porque, a su juicio, son los ingenios inventivos, esto es, los imaginativos y con reminiscencia, los que pueden escribir libros.

Inventivos son los espíritus caprichosos y libres que se remontan fuera de la común opinión, al juzgar y tratar las cosas de diferente manera a como se vienen tratando. La comparación que Huarte utiliza para expresarlo es llana y deliciosa... Así como a una gran manada de ovejas suelen los pastores echar una docena de cabras que las levanten y lleven a gozar de nuevos pastos, conviene en las letras humanas que haya ingenios caprichosos (13) que descubran a los entendimientos oviles nuevos secretos de la naturaleza y les den contemplaciones nunca oídas en que ejercitarse. "Porque de esta manera van creciendo las artes, y los hombres saben más cada día" (fin del cap. V).

El autor del Examen se sorprende de la diversidad (hasta nueve grados) y variedad de las funciones psíquicas que corresponden a la imaginación, cuya base física asimila a la parte delantera de la cabeza. Entre dichas funciones, y nada desdeñables por cierto, están la reminiscencia, a la que nos acabamos de referir, y el sentido común. Es la imaginación la que compone especies, en presencia o ausencia de los objetos (14). Es también ella la que impone los nombres: nombrar es "saber imaginar los nombres con la consonancia y buen sonido que piden las cosas nuevamente halladas" (cap. I, 1594). La imaginación escribe en la memoria las figuras de las cosas que quiere que no se olviden, que conocieron los cinco sentidos y el entendimiento, y otras que ella misma fabrica. Y cuando quiere acordarse de ellas las torna a mirar y contemplar.

Que la imaginación es responsable del sentido común significa que no puede haber percepción, ni sentido de la realidad sensible, sin ella. De la imaginación depende el conocimiento de los particulares, el conocimiento de sus diferencias y de sus determinaciones espaciales y temporales, que son físicamente decisivas; mientras que, por su parte, el entendimiento sólo se ocupa de las cosas universalmente, meta-físicamente. En efecto, los sentidos exteriores no pueden obrar bien si no asiste con ellos la buena imaginativa (cap. XII). Huarte distingue entre la sensación como fase física y la imagen como fase psíquica de la percepción. Es la segunda figura, la que se forma dentro, la que viene a alterar significativamente la imaginación. Por eso, ningún conocimiento se hace "si no advierte la imaginativa". De ahí la importancia de la atención, la distracción o concentración, como especies del cuidado que la imaginación pone en las cosas (15).

En una palabra: "es cierto que la imaginativa es la que hace el juicio y conocimiento de las cosas particulares, y no el entendimiento ni los sentidos exteriores" (cap. XII). Cuando Huarte se refiere al modo en que la imaginativa acierta con la verdadera imagen de las cosas, traza simplemente un circunloquio para aludir a lo que modernamente llamamos intuición. Resulta que, para alcanzar el conocimiento de las cosas singulares, tiene la imaginativa ciertas "propiedades inefables con las cuales atina a cosas que ni se pueden decir ni entender, ni hay arte para ellas".

Huarte nos sorprende al descubrir, por un lado, el lazo que ata la imaginación a la voluntad. Y por otro lado nos ofrece de las ideas una clasificación muy parecida a la cartesiana (facticias, ficticias e innatas), sólo que lo innato para el doctor baezano -como para Chomsky- no es la idea misma, sino el poder generativo de la imaginación para producirla.

La vinculación de la imaginación y la voluntad no tiene, en principio, nada de metafísica en Huarte. Una vez puestos en relación los humores somáticos y los afectos, nuestro autor insiste en que el amor y las demás pasiones avivan la imaginación. Y ésta a su vez ejerce un eficaz poder dinamogénico sobre la acción, pues despierta tanto al alma apetitiva, como a la irascible y a la racional.

Muy decisivamente, Huarte alcanza a intuir la interrelación entre la razón y la imaginativa. ¿Cómo actúa la imaginación sobre la facultad racional de la mente humana? Nuestro autor responde: mediante la consideración de las cosas divinas. En la edición subpríncipe (1594), Huarte profundiza más que en la príncipe de 1575, en torno a la importante contribución de la imaginación a la formación del juicio, de especial relevancia moral y estética tratándose del buen juicio. Para ello nos recuerda que Demócrito perdió al final de su vida la imaginación, por lo cual comenzó a hacer y decir dichos y sentencias tan fuera de término, que toda la ciudad de Abdera le tuvo por loco (cap. II, 1594). Si la consideración de lo posible es cosa de la imaginativa, es natural que la insania de la imaginación disuelva el sentido común y nos precipite en la locura.

De las tres facultades que componen el ingenio humano, la imaginativa y en cierto grado el entendimiento, como luego veremos, poseen intimidad con la libertad, contribuyendo así muy decisivamente a la formación del carácter moral. La imaginativa, en efecto, es libre de imaginar lo que quisiere. Kant habla (véase el texto que hemos citado en la nota 15) de la "espontaneidad de la imaginación productiva", pero no la separa tan claramente del entendimiento como Huarte, al suponer que es "un efecto del entendimiento sobre la sensibilidad". Por tanto, piensa Huarte, de las acciones de esta potencia, la imaginación, "andan siempre ávidos los espíritus vitales y sangre arterial, y los echa a la parte que quiere, y donde acude este calor natural queda la parte más poderosa para hacer su obra, y las demás con menos fuerza...; y así estando en nuestra elección fortificar (con la imaginativa) la potencia que quisiéremos, con razón somos premiados cuando fortificamos la racional y debilitamos la irascible, y con justa causa somos culpados cuando fortificamos la irascible y debilitamos la racional. De aquí se entiende claramente con cuánta razón encomiendan los filósofos morales la meditación y consideración de las cosas divinas; pues con sola ella adquirimos el temperamento que el alma racional ha menester, y debilitamos la porción inferior" (V, 1594).

¿Hasta qué punto estas palabras de Huarte abren el camino al deísmo ilustrado? Esta cuestión es difícil de responder. Pero que las cosas divinas sean objeto de la imaginación, parece implicar que no puedan serlo de la actividad sensible, que no son hechos del mundo. Sólo el fanático ve a Dios. Si Dios no existe como hecho sensible, hay que pensarlo como objeto imaginario, hay que ingeniarlo, hay que inventarlo como ideal de perfección posible. Esto es lo que podría deducirse del análisis del Examen, con tal de que uno renuncie a ver en la Palabra revelada una noticia sensible. La pertinencia ética de las ideas acerca de lo divino, penden ahora de la potencia trascendente de la imaginación, de sus poderes anticipadores, cuyo cuidado es la atención que debe elevar el espíritu hacia las cosas mejores, cosas que son, propiamente, o relativamente, invenciones, engendros, especies, ideales suyos.

La reminiscencia es potencia de la imaginación cuando ésta reconstruye las figuras de la memoria que se han perdido o desfigurado, a partir de lo que queda. De este modo, la imaginación puede suplir la falta de memoria, la invención sirve entonces figuras y sentencias de lo no dicho, de lo posible aún no existente. De ahí que "hacer memoria de las cosas y acordarse de ellas después de sabidas, es obra de la imaginativa, como el escribir y tornarlo a leer es obra del escribano y no del papel" (cap. V). Esta función de la imaginación, que obra la reconstrucción inventiva de lo representado, es la que hace del hombre un animal previsor, un "espíritu profético".

7.-El bruto y el ángel

A los factores fisiológicos y temperamentales que determinan el grado y diversidad de los ingenios (23), Huarte añade otros que hoy llamaríamos medioambientales o educacionales. Hay que anotar su pintoresca ocurrencia eugenésica de que para la futura calidad del talento del engendrado resultan decisivos el orden y concierto con que los padres se llegan al acto de la generación...


En general, entre las limitaciones del discurso de Huarte, hay que destacar dos que afectan a toda la filosofía moderna, incluyendo al idealismo de Kant. En primer lugar, la tendencia mecanicista que tiende a comprender los fenómenos vitales y anímicos en los reducidos términos de la física de fuerzas que rigen la causalidad de lo inerte, despreciando los principios teleonómicos, imprescindibles sin embargo en la explicación funcional de la evolución de la vida (ortogénesis), de manera que la libertad es segregada al ámbito de lo espiritual, lo inefable, lo religioso, la fe, lo místico, en lugar de explicar su enlace con el psiquismo de los animales superiores, como capacidad de autorregulación funcional de la conducta...


En segundo lugar, una clara tendencia subjetivista o individualista, incapaz de destacar la extraordinaria importancia de los otros, o del Otro, en la construcción de la inteligencia, cuya importantísima dimensión social sólo se reconoce en menudísima parte.


Sin duda, de estas limitaciones, la mecanicista y la individualista, ha padecido todo el saber occidental y sigue padeciendo. El subjetivismo y el mecanicismo no son en Huarte todavía más que tendencias que se insinúan, como ternísimos brotes, en mitad de un discurso que aún debe mucho a la visión espiritualista y encantadora, propia del medievo. Puede que el atractivo del Examen se deba precisamente a esta posición ambigua, entre el fideísmo tradicional y el racionalismo y el empirismo ingenuos, habiendo nacido como nació en una encrucijada histórica y dada la intención armonista de su autor y su genio excepcional.


Su naturalismo simplista no llega a ser nunca desagradable porque se equilibra con toques de un cierto y conmovedor lirismo. Acabaré con un ejemplo ilusionante. Al final de su Examen, Huarte se pregunta por qué los hombres sienten vergüenza de manifestar abiertamente el deseo sexual, y se le ocurre una respuesta de sentido metafísico: que el alma racional se contrista por verse metida en un cuerpo que tiene comunidad con los brutos animales (pg. 297). A ello se añade el sentimiento de culpa derivado del pecado original y del reconocimiento de que el sexo y la mortalidad y corruptibilidad del cuerpo están asociados íntimamente, pues somos seres sexuados precisamente porque somos efímeros y hemos de dejar a otros en nuestro lugar... Al primer hombre, después del pecado, "crecióle más la vergüenza viendo que los ángeles, con quien él frisaba, eran inmortales y que no habían menester comer ni beber ni dormir para conservar la vida, ni tenían instrumentos para engendrarse los unos a los otros, antes fueron criados todos juntos, de ninguna materia y sin miedo de corromperse... y así le pesa al ánima racional y se avergüenza que le traigan a la memoria las cosas que dieron al hombre por ser mortal y corruptible". En lo cual nota precisamente Huarte un indicio de ser el ánima racional inmortal. Después del juicio final, la gloria que Dios repartirá a los justos consistirá en devolver a su cuerpo las propiedades del ángel; a saber: sutilidad, agilidad, inmortalidad y resplandor.

miércoles, 6 de febrero de 2008

PAUTAS PARA HACER COMENTARIOS DE TEXTO

El comentario de los textos propuestos puede hacerse de forma personal, según criterios del propio alumno. El siguiente esquema es meramente indicativo por si sirve de ayuda y orientación.

1) Sentido global del texto.

2) Ideas principales del mismo.

3) Relación del texto en el conjunto del pensamiento del autor.

4) Corriente histórica del pensamiento a la que pertenece.

5) Influencias recibidas y posibles repercusiones en otros autores.

6) Relación del texto con la actualidad.